martes, 29 de abril de 2008

Es el amor... ¡amor profundo!



Quiero dejar constancia del enamoramiento típico de una editora-correctora. Y decir que, aunque no lo parezca, esta frase es completa y exageradamente verídica:

"0 (¡cero!) errores de ortografía y de redacción. ¿Puede existir algo tan perfecto? Sintaxis exquisita. En este momento me siento como una marioneta del amor. Bailo y bailo al son de las delicias del corazón.
Me enamora. Es inevitable: me enamora."

Editora-correctora enamorada


Ilustración de Irisz Agocs.

jueves, 24 de abril de 2008

Al linotipista

Ahora un pedido: no me corrija. La puntuación es la respiración de la frase, y mi frase respira así. Y si a usted le parezco rara, respéteme también. Incluso yo me veo obligada a respetarme.

Escribir es una maldición.

Lispector, Clarice. Revelación de un mundo. Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2005.

Marisa que borra

Marisa que borra llegó a mis manos en 3ro A, dice la letra de mamá adelante. Parte de la biblioteca que circulaba y definitivamente el comienzo de mi vida en colecciones. En tercer grado me dí cuenta de que había algo tal como colecciones, que si compraba todo lo de Pan Flauta de Sudamericana me aseguraba un buen porvenir. Y ahí arranqué nomás. Después serían Los imposibles, La aldoravanda del mercado, Boca de sapo, Hombrecito del azulejo, Más chiquito que una arveja, Panadero en la ciudad, Puro huesos, Quien pidió un vaso de agua y Un tigre de papel.
Pero volvamos a Marisa. Autora: Canela, Ilustraciones: Nicolás Rubió. Marisa es como una Leonor porteñita, con ojos de soñadora, con gato y una idea genial: ser una nena de goma. Primero todos los 'zalud con zeta', luego los 'prohibidos', las tristezas y las enfermedades... me enseñó lo genial que era saltar escalones de dos en dos, de tres en tres.

Y la segunda parte con las zapatillas mágicas, mañana... en una próxima entrega. A ver si puedo subir alguna imagen también.

miércoles, 23 de abril de 2008

Para aquellos que también se oponen a la vista fija en el techo: una a favor de la vida prosaica

Acciones comunes
“Cuando estoy trabajando en un libro trabajo todos los días. Trabajo cuatro horas sin parar, y después me siento muy cansada y ya no me sale nada, y hago otras cosas. No entiendo a los escritores que creen que no deben hacer ninguna de las cosas corrientes de la vida, porque yo creo que eso es necesario: hay que mantenerse en contacto con eso. La soledad de la escritura también es atemorizadora. A veces está muy cerca de la locura: una simplemente desaparece todo el día y pierde todo contacto. La acción común de llevar un vestido al lavadero o de rociar las plantas con plaguicida es algo muy saludable. Eso hace que una vuelva al mundo, por así decirlo. Y que el mundo vuelva a una.”
Nadine Gordimer

En: Brizuela, Leopoldo. Instrucciones secretas: guía para empezar a escribir. Buenos Aires: Colihue, 2007.

sábado, 19 de abril de 2008

El signo astral

Y me le animo a la segunda entrada, por lo bajo y sin hacer mucho ruido. Porque el humo nos envolvió y tuvimos que revisar todo. Porque nuestros personajes del día son yo deseo, yo analizo, yo creo. Y bien no sabía en qué orden ponerlos, porque a veces yo creo y deseo y después analizo. Medio tarde para el análisis, "pero que no falte..." Otras veces yo analizo y después me la creo y lo deseo. "Vos sola te haces la cabeza". Cuando todo comienza en deseo se me hace más fácil crear y el análisis cae después como un hacha. "No sé qué pensar, pero tengo unas ganas..." Porque somos dos aguas y una tierra; y se nos nota. La unidad que transforma a su servicio. O el servicio que hace unidad transformante. O la transformación que nos hace una unidad servicial. Esto vendria a ser un 'medio y medio'. Mitad para agradecerles y mitad para avanzar más en esto de vírgenes escorpiones con peces nadando alrededor. (Las quiero.)

viernes, 11 de abril de 2008

Recepción

Creamos los vestidos de Julianas –con su rosado-juliana pasado de moda y esa definición memorable de horizonte– para convencernos de que todo proyecto es, en algún punto, viable.
Que no nos atormente la imagen de la altura.
Ese canto de agua ondulando en la noche –el agua choca contra el sauce caído y deshace bajo la luna toda su red melódica– no es más que el triunfo de la serenidad.
Nos bienvengo.
Nos inauguro.