martes, 26 de agosto de 2008

Homenaje a Elisa Dellepiane

Cuando la mujer de aire se va,
no, no me digáis que las flores son flores y que la luz es luz,
que la colina sube hacia la nube y la tarde baja hasta las aguas
y que el anochecer viene de espejos por las lejanas islas, por las
islas...
Ni menos me digáis, oh, no me digáis, que la luna de julio se ha
entibiado entre las ramas...

No, no me digáis nada, que cuando la mujer de aire se va
el aire, el aire?, es una asfixia oscura,
y hay manos, muchas manos, tendidas hacia nosotros desde otras
sombras como raíces invertidas...

Pero verdad que la mujer de aire siempre vuelve?
–Siempre regresa, sí, pero no basta adorarla porque ella es la libertad.


Juan L.

(Para Zelmar Michelini, para Chicho, con gran cariño de sobrina y ahijada.)

lunes, 25 de agosto de 2008

La magia de los cuentos... por Di Benedetto


"Durante años, cuando me caía del cielo una mota de nieve que se parecía a un cuento, la soplaba con todo el trópico de mis pulmones para que se esfumara y no me distrajera de mi novela. Hace unos meses me sentí solicitado por estos episodios tan diminutos en los que por ahí descubría gotas de mi sangre esparcida durante el día y acumulada como un pequeño soplo. Otras veces eran pequeños tesoros de imaginación y fantasía, liberadores, que me habían sido donados no sé por quién durante el sueño. Sentía que su construcción era débil, que se me daban como una oferta tímida para hiciera de ellos algo con cierta solidez y cierta arquitectura estable. Los consideraba gracias menores de los dioses que pueden regirme, sin creer en la existencia de ningún dios. Y esa condición de ser obsequiado con sugestiones menores que en nada iban a contribuir a que yo construya una catedral sino pequeñas capillas, vaya a saber de qué credo, me distrajeron profundamente de tales donaciones. Hasta que conmiserado de mi mismo por el tamaño de la empresa que había asumido cuando me dí cuenta de lo poco que queda de vida por lo que ya tengo de edad, por lo que ya gasté de la cuota, paré durante un tiempo y me puse a escribir cuentos."
Foto de un episodio de estos, que parecen predestinados a ser cuentos.
El texto, contratapa de Di Benedetto, Antonio, Cuentos claros. Buenos Aires, Adriana Hildago, 2004.

martes, 19 de agosto de 2008

El Topito Birolo... who knew it was none of his business!



Y el viaje me trajo de vuelta sorprendida un poco de las secciones de literatura infantil europeas.. Me regaló una preciosa libreria especializada en LIJ, a la que sin dudas volveré - La Mar de Letras (¡arriba la foto!). También me sorprendió con un Topito Birolo que se llama The Story of the Little Mole Who Knew It Was None of His Business y que es casi casi héroe nacional. En Londres, encontré un topito birolo de mi tamaño, muy útil como sillón de lectura y una sorprendente edición PLOP UP, onomatopéyico de verdad. Va una muestra de un interior donde - en francés - todo lo que pudo haberle caido en la cabeza se gira con una ruedita simpatiquísima.