viernes, 27 de noviembre de 2009

La revolución de los payasos y los pedos

Disla, Reynado. Los volcanes de Manflota. Santo Domingo: Alfaguara, 206. Ilustraciones de Kilia Llano.

Un volcán no es para nada silencioso, sino todo lo contrario. Grita, se impone, irrumpe descaradamente y con ímpetu. Su periodicidad no puede preverse: simplemente ocurre. Pero ¿quién puede negarle al volcán su inesperada explosión de gases? Empresa imposible desde el vamos. Y menos que menos si se trata de un volcán-payaso-gobernador...

Los volcanes de Manflota es la evocación de un tiempo pasado, de la infancia de la República Payasesca. Y tiene un comienzo prometedor: “Yo, la cotorra Erudita, aseguro que doscientos años atrás, el grandísimo payaso Poporón, gobernador de la isla de Manflota, se tiró un peote en el regio palacio”.
Sí, se largó un peote, un cuesco, un gas, un cuete, un pedito (no tan chiquito, como después se irá viendo).

En los tiempos monárquicos de la isla de Manflota, soltar un viento en público estaba prohibido. Por eso el gobernador se desentendió de la autoría y acusó a un pobre payaso que nada tenía que ver con el asunto hasta conducirlo a la horca.
A partir de la falsa incriminación, se inician las rebeliones de los débiles y sometidos payasos, las intrigas, los engaños, la furia del monarca, las persecuciones y, finalmente, la caída de este hasta el fondo de la tierra y de la trampa.

Engatusado por el trapecista Capitán Pepe (cuñado del payaso injustamente condenado a la hora), el gobernador Poporón llega a la Cueva de los Conejos Mágicos y queda encerrado en su laberíntico interior. Ahora el payaso déspota vive allí con sus soldados.
Y, cada tanto, desde las profundidades subterráneas ascienden gases descomunales, que no son otra cosa que los peotes que el ex gobernador sigue produciendo en su exilio tierra abajo.

Recurriendo a las reglas de composición de la leyenda, la cotorra narradora se atreve a contar lo que en el momento de los hechos no podía ser contado. En el cuento del reconocido dramaturgo dominicano Reynaldo Disla, del hecho al dicho dista un tiempo enorme, unos doscientos años. Una época recuperada y narrada con un lenguaje original y divertido, un lenguaje que combina la lógica payasesca y teatral.
Antes, en los tiempos monárquicos, el acto de tirarse un cuete en Manflota era motivo de censura y el incumplimiento de esa prohibición se condenaba con la muerte.
Ahora, en los modernos tiempos de la república, el pedo se naturalizó, literalmente se naturalizó: se transformó en la erupción de los volcanes.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Para mirar... y mirar... y volver a mirar...

Gallego, una historia de amor, una historia triste también. Un libro de Juan Farías, con ilustraciones de Xosé Cobas.
Un abuelo con mucha vida y pasado. Recuerdos de otras épocas en tiempo presente. ¿La vista? Bien, ¿la cabeza? estupenda, ¿el cuerpo? bastón mediante, pasea por la playa. Habla con los que ya no están, habla con Ella. Un
eterno enamorado.

Este libro me aquieta, me deja sin palabras. Describe, cuenta. Cuenta y describe. Con un glosario atrás, para todas esas expresiones no traducidas. Son episodios de vida, que se pueden leer por sí solos, abrir y leer como un I Ching. O mirar, sólo mirar. Les dejo algunos fragmentos:

(...) Tuvo que ser Ella quien diera el primer paso. Suele pasar. Si las mujeres no dieran el primer paso, el mundo andaría mal, o no andaría. Fue así: Ella, de éstas aún rapaza, aún sin bigote ni arruga alguna, aún fresca y bonita, aún ayudando a su madre en los quehaceres de la casa, había salido a buscar hierba fresca para los conejos, un feixe de hierba que traía a la cabeza como si nada. O Rapaciño subía monte, con el podón al hombro, a buscar leña. En la corredoira, cruzando el castañar, se vieron de frente, iban uno contra otro, a cruzarse. (...)


(...) Era cuatro y hasta cinco personas distintas (...)


(...) Las ruedas de los carros no se engrasaban para que el chirrido fuese agudo y así avisar que venían. (...)

Farías, Juan. Gallego, A la orilla del mar. México: Fondo de Cultura Económica, 2006. Ilustraciones de Xosé Cobas.

lunes, 23 de noviembre de 2009

El barco de vapor zarpó

y ancló en el Abasto. Se queda en tierra hasta fin de mes.

Istvansch fue el curador de esta muestra que recorre muchos trabajos lanzados en la colección El Barco de Vapor de SM Argentina. Siempre es inspirador ver material original que luego formó parte de libros y de eso se trata esta muestra. Hay una selección de una ilustración por título, con los detalles de la técnica usada en cada caso. En las grandes mesas, los chicos pueden dibujar y ver los libros terminados. Algo objetable es la altura en la que están colocados los cuadros, un poco alta para los chicos.


También hay instalaciones de Istvan que presentan el trabajo de algunos ilustradores, destaca el proceso de trabajo, la búsqueda de materiales y las diferentes instancias. Me encanta la lógica del "antes y después" asique ver las modificaciones de tapa de Bicho colorado de Gustavo Aimar fue sumamente entretenido. Lo bueno es que tampoco se abusa de este sistema y cada instalación tiene su lógica.

Esta es Cuando San Pedro viajó en tren, ilustrado por Valeria Docampo y más abajo, La muralla por Claudia Legnazzi.

Y SM aprovechó para hacer material gráfico y generó este álbum de estampillas para elegir y pegar nuestros destacados. Así quedó el mío:
Tienen tiempo de visitarla hasta el 29 de noviembre, de martes a domingos de 13 a 20hs, en el Museo de los Niños del Abasto. Y una buena noticia: hay una promo del 10% de descuento en la compra de La muralla en Yenny. Otra muestra más de que las ilustraciones mueven mucho de la decisión de compra (al menos la mía). ¡Felicitaciones SM!

sábado, 21 de noviembre de 2009

Bombones de menta y caramelos de chocolate

Cartlidge, Michelle. Ratoncete hace dulces. Buenos Aires: Hyspamérica, 1987.

En mi biblioteca encontré este librito de Michelle Cartlidge traducido al español por María Elena Walsh. Apenas lo abrí, recordé cuánto me gustaba. Me lo había regalado mi mamá, y con ella hicimos las dos recetas que hace el protagonista, un ratoncito simpático y entusiasta.

En una sola clase con la Ratona Repostera, Ratoncete aprende a hacer bombones de menta y caramelos de chocolate.
Muy simple: primero se lava las manos, después buscan los utensilios y los ingredientes que se necesitan y ¡a trabajar!

El protagonista pasa el azúcar por el tamiz, separa la yema de la clara, bate con el tenedor, mezcla, exprime limones, agrega esencias, amasa, corta, enmanteca asaderas y hornea.

Ratoncete ejecuta con fascinación cada una de las tareas culinarias que su maestra le indica. En pastelería, es necesario seguir al pie de la letra las instrucciones. Y así lo hace Ratoncete. Por eso, cuando su papá lo va a buscar, él exclama emocionado: “¡Preparé bombones para ti, para mamá, para mi hermanita y para todos mis amigos, y todavía sobran algunos para mí!”.
Además de buen cocinero, nuestro protagonista es muy generoso, lo cual se orienta a transmitir un mensaje con el que coincido: cocinar es compartir, es un gesto de agasajo, de convite, de cariño hacia el otro.


martes, 17 de noviembre de 2009

Trazos libres

Canal 7 estará albergando una muestra de ilustradores desde el 20 de noviembre al 20 de diciembre.

Con el lema de... Derecho a dibujar también, en el 50° aniversario de la Declaración Universal de los Derechos del niño.
¿Quiénes? Costhanzo, Isol, Juan Lima, Istvansch, Pablo Bernasconi, Mirian Luchetto, Cristian Turdera, Diego Bianki, Natalia Lis Ludueña, Mey y Angela Urondo.
¿Cuándo? Inaugura el viernes 20 de noviembre a las 16 hs. Luego, podrá visitarse de 9 a 19 hs.
¿Dónde? Av. Figueroa Alcorta 2977 - Hall central
.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Pistacho verde con vestido rosa de princesa

Gay, Marie-Louise. Princesa Pistacho. Buenos Aires: Unaluna, 2009. Ilustraciones de la autora.

Pistacho Zapato está convencidísima de que es una princesa. Y se convence aún más cuando, misteriosamente, recibe como regalo de cumpleaños una corona acompañada de una carta anónima en la que se lee “¡Feliz cumpleaños, princesita!”.
Y parece que ser una verdadera princesa, una princesa con coronita, legaliza todos sus caprichos y posibilita que se desamolde de lo que venía siendo: una nena común y corriente. Por eso, a partir de la revelación se niega a comer espinacas, se rehúsa a despertarse temprano para ir a la escuela, decide intervenir el juego de los vecinos e, incluso, también se desentiende del llanto que la inunda por dentro y no lo llora. Se ve que la realeza lleva una vida completamente diferente...

A medida que la historia avanza, Pistacho –convertida en la princesa Pistacho de Papuasia– va modificando también su modo de caminar, su vestimenta, su gestualidad y, por supuesto, la experiencia de relacionarse con los otros. Sus padres se hartan, sus amigos se burlan y su hermana Paulita reclama atención.

Sin embargo, luego de descubrir la verdadera procedencia del regalo de cumpleaños, la visión de Pistacho acerca de la realidad da un giro de 180 grados. Ahora tiene que revertir lo hecho. Sin corona, sin orgullo y sin Papuasia, es hora de enfrentarse cara a cara con Pistacho misma. Y también con la desaparición de la princesa Paulita...

sábado, 7 de noviembre de 2009

Il piccolo mostro nero-nero e tutti i colori dell’universo

Texto de Davide Cali e ilustraciones de Philip Giordano.
En Italia, por Zoolibri, 2008. En Argentina, por Adriana Hidalgo Pípala, 2009.

La isla del pequeño monstruo negro-negro es un libro de colores encontrados, traídos y abiertos, un libro de colores sobre fondo negro.

La angustia del monstruo empieza en la carencia y termina en la abundancia. Así de sencillo. Un camino sin retorno que va del agobio a la búsqueda, de la búsqueda al miedo, del miedo al hallazgo y del hallazgo a la felicidad.
Fotógrafo de fotos negras-negras, el protagonista emprende con su amigo el murciélago –tan original que anda vestido del mismo tono– un viaje en barco para descubrir nuevos paisajes fotografiables.


Es sabido que, cuanto más propio es el negro, más oscuro se torna (y también más impecablemente coloridas y luminosas las otras cosas); y por eso el conjunto de las islas visitadas funciona para el monstruo como generador del deseo de ampliarse y abarcar, de no conformarse e indagar otros modos de ser tonalidad.
Siendo infeliz en su negrura, la experiencia de batallar contra lo negro es, para el pequeño monstruo, enfrentarse consigo mismo y con el deslumbre que despierta lo otro.


El desplazamiento es circular. Negro, verde, rojo, rosa, naranja, lila, blanco y otra vez negro. Es un viaje para pasarla mal –peligros + padecimientos + aprendizaje– pero necesario para conseguir un final feliz; un viaje para aprender a valorar lo ajeno, para confirmar que lo todo negro –lo todo propio– es efectivamente algo negativo si se ofrece en esos términos: de forma aislada y absoluta.

“Conocer es un acto que transforma aquello que se conoce”, dice Octavio Paz; y, según estás pautas, el monstruo es un digno ejemplar del buen explorador: movido por la inquietud, indaga, avanza, atraviesa, reemplaza, reelabora y, constantemente, (re)significa.
Lo recientemente conocido –lo cognoscible que se asomaba y se ofrecía– se vuelve otra cosa en el movimiento de confundirse con lo propio y, por ende, ya conocido.


Así, el viaje se convierte en una revelación; y es acá donde la fotografía aparece como un elemento de centralización narrativa.
Revelar es descubrir o manifestar lo ignorado o secreto, volver visible lo oculto, hacer que surjan colores de un fondo negro. Y, maravilla maravillosa, en las fotos ahora también están esos secretos verdes, rojos, rosadas, lilas y naranjas antes ignorados.


Estos colores que habitan islas y forman una estructura meticulosamente delimitada –agua, isla, agua, isla–, sin contaminación ni transferencia, terminan siendo traducidos por el monstruo y el murciélago. La isla negra-negra ahora es la zona que transgrede ese esquema perfecto e inaugura lo impuro. Y, sí, ese es el lugar perfecto para que el pequeño monstruo experimente su arte de flores y colores y también negros en fotografías.
Sin embargo, hay un resto que queda intacto: la caverna donde duerme el protagonista siguen siendo negrísima. Una fidelidad destacable.

martes, 3 de noviembre de 2009

A la orilla del viento anuncia...


¿Se acuerdan del Concurso de Álbum Ilustrado de FCE? Ya están los resultados...

¡Qué niño más lento!, de Lucía Serrano Guerrero, es el feliz ganador.

El jurado estuvo conformado por Isol, Daniel Díaz, Alejandro Magallanes y León Muñoz y participaron
525 trabajos.

Hubo también una mención especial para Mariana Ruiz Johnson con su libro Irupé Yaguareté, asique felicitaciones para ella también.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Enamorarse a lo grande y después

Montes, Graciela. Historia de un amor exagerado. Buenos Aires: Colihue, 1987. Ilustración de tapa de Oscar Rojas.

En Historia de un amor exagerado todo es grande o más bien todo es enorme. Las ganas de Santiago, el ramo de flores que anda en patineta, las muchas cartas, los gritos, los silencios y el llanto, la longitud de los ojos-hojas de laurel de Teresita, el enojo del señor de las baldosas bien barridas, el sí de algunos y el no de otros y, por supuesto, el enamoramiento. Todo es así: exageradamente grande.

Y tan repleta de tamaños descomunales quedó esta historia que la clausura se volvió una empresa imposible. No puede haber un cierre –“como esta historia está abierta, yo no quiero echarle llave”, dice el narrador–, porque la propuesta es llegar a tocar el infinito que no se acaba nunca, llegar a moverse en el placer de ese infinito que nunca deja de ser la posibilidad del siempre más.

Pero eso sí, en este libro hay un peligro para el lector y su esperanza: porque esa promesa de la experiencia del amor incalculable se ofrece tan profunda y verdadera que da lugar para que asome el temor de no lograr estar a la altura de tal desbordamiento sentimental, de ser un enamorado común viviendo una pasión mesurada, moderada, controlada, una pasión sensata.