miércoles, 25 de febrero de 2009

De cómo controlar nuestros miedos

¿Te acostás con la luz prendida? ¿Te dijeron que si te portabas mal iba a venir un monstruo? ¿Tenés miedo de que salga de abajo de tu cama?

Aquí, ¡la solución a todos tus problemas!

Resulta que en una de esas andanzas vacacionísticas Emiliano descubrió este librito: ¡Fuera de aquí, horrible monstruo verde! de Ed Emberly.



Tapa brillante, tornasolada, un libro grandote. Lo abrís y te mira: dos ojos amarillos. Pasás la página, te huele una nariz verde. A medida que avanzás, se va descubriendo un monstruo verde. ¡Horrible!

Pero, a no asustarse. Con la ayuda del lector, el monstruo desaparecerá de a poquito, página por página.

Una idea simple, pero efectiva.

Y como era de suponerse, yo lo compré.

lunes, 23 de febrero de 2009

¡Nueva imagen de inicio de Julianas!

¡Tenemos nuevo diseño! (Esto merece ser celebrado con comida peruana un lunes a la noche...)
Todas las julianas y todo el resto del mundo agradecemos con ¡vivas! y aplausos al queridísimo Emiliano Quintana por diseñar tan amablemente la imagen de cabecera del blog.
¡Alegría!

sábado, 21 de febrero de 2009

Y acá, de vuelta, con más lecturas al hombro (la mochila pesaba mucho). Quiero postear un cuento, pero es muy largo, y tampoco es infantil, pero sí es de la infancia. Es de Juan Villoro, del libro La alcoba dormida, una selección de cuentos que editó Hum Editor (http://www.humeditor.com/). Dicho sea de paso, ¡una linda sorpresa uruguaya esa editorial! Posteo la tapa y una breve invitación a leerlo...

"Se puede decir que pasé la mayor parte de las vacaciones en el baño. Siempre he sido algo friolento, y como no tenía nada que hacer decidí pasarme las tardes remojado en el agua caliente de la tina. Ahí inventé a mis cuates Víctor y Pablo. Le puse a mi pie izquierdo Víctor y al derecho Pablo. Mis héroes eran dos señores de doce años que combatían a un maléfico criminal llamado Yambalalón y se platicaban en la tina de baño todas sus aventuras, sin importarles mi desnuda presencia. Yambalalón era uno de los mas peligrosos gángsters del mundo. Tenía perros amaestrados que lo ayudaban en sus fechorías. Bajo un ahuehuete de Chapultepec se encontraba un pasadizo que conducía al refugio de Yambalalón. En repetidas ocasiones Víctor y Pablo habían tratado de penetrar la guarida pero nunca daban con el ahuehuete indicado. El terrible Yambalalón no soportaba la luz del día, así es que permanecía bajo tierra la mayor parte del tiempo. Una noche se iba a París o a Toluca (en realidad yo creía que estaban bastante cerca) y asaltaba el Banco Central, siempre el Banco Central, con ayuda de sus siete perros (producto de una mezcla de razas que sólo él había logrado). Me tardé cerca de un mes en imaginar todo esto, sentado en la tina, antes de que la nana me llegara a secar con una toalla gigante."

martes, 10 de febrero de 2009

Stefano, de Andruetto

(Durante mis vacaciones en San Martín de los Andes estuve alojada en la casa de Graciela Rendón, poeta y narradora interesantísima. Entre los demasiados libros que había en su biblioteca, encontré Stefano, de María Teresa Andruetto. Lo leí. Y acá estoy, volviendo.)

Y... hay que ver las trasformaciones gestuales de Stefano, notar cómo la cara va incorporando, dosificadas, arrugas nuevas. El tema de esta novela de Andruetto es clásico: el viaje iniciático, el origen, el recorrido, la búsqueda y el destino. El relato –escrito, una escritura dentro de otra escritura– del narrador, Stefano, está dirigido a Ema. Ema, que es, justamente, el destino del caminante. El texto también podría pensarse, por qué no, como un recorrido cien por ciento psicoanalítico: el hombre que deja atrás a la madre, sufre y sufre más y vuelve a sufrir y le duele y se confunde –en el medio la madre muere lejos, él llora– hasta llegar a otra mujer, poseedora de la felicidad última: la del final del viaje. Pero –no queda otra: somos de Letras y la teoría psicoanalítica no nos convence como método de análisis literario– el texto de Andruetto busca y encuentra la significación del movimiento del viajero en su interior mismo, quizás en el centro de la literatura universal. El porqué, el cómo y el cuándo a tiempo. La narración avanza dando vueltas, retoma y se anticipa, un juego a veces imposible y otras veces demasiado normal. Stefano es un texto que atraviesa otros textos literarios y también un texto común en estas tierras: el discurso de la inmigración. Al estilo de las historias ejemplarmente narradas, en Stefano resulta esencial leer la última página e inevitable no esbozar una sonrisa de satisfacción al cerrar el libro.

(Entre la lectura de Stefano tuve la osadía de intercalar un libro de poemas de Andruetto: Kodak. Ni que decirlo. Es un libro maravilloso, bellísimo, floreado. Quizás por eso, la vida de Stefano me entristeció y me recordó lo finito del mundo, de nosotros, de ellos y de los de más allá.)

lunes, 2 de febrero de 2009

Un poco de De Santis

El nombre del gato

Trajimos a casa una gatita blanca y gris, que vivía en un baldío. Al principio temblada, pero a las pocas horas aceptó el nuevo mundo.
Había que ponerle un nombre. Discutimos durante días.
Algunos sonaban complicados, otros imperfectos o poco adecuados para un gato; otros decididamente estúpidos. ¿Qué nombre se pondrían a sí mismos los gatos, si pudieran hablar?
Un año después nos decidimos, porque la gata no podía seguir sin nombre. Repetimos la palabra elegida una y otra vez. Ella nos miraba, parecía aceptar aquel sonido que ahora le pertenecía.
Esa misma noche -la noche del nombre- la gata se fue por los tejados y no volvió. Había estado esperando esa palabra, nada más podíamos ofrecerle.

De Santis, Pablo. Rey secreto. Buenos Aires: Colihue, 2005.

Y qué decir: hay un tema con los gatos, lo bien y bonitos que quedan ilustrados, lo interesantes que son cuando Murakami los cuenta, y un largo listado de etcéteras. Por ahora, nada más presento este libro de Colihue de la colección de Los libros de Boris, que bien no se sabe para quien es; ¡pero que yo estoy disfrutando mucho!