Basch, Adela. La abeja que no era ni joven ni vieja. Buenos Aires: Atlántida, 2006. (Ilustraciones de Sara Sedran)Esta es la historia de una abeja que no era ni joven ni vieja –de una abeja, como quien dice, medianita–, la cual, básicamente, vivía en una burbuja. Hasta que un día, como para romper la monotonía, decidió emprender la arriesgada aventura de salir de viaje para conocer el mundo. Mientras avanzan las páginas y avanza la abejita, los descubrimientos se van a suceder uno tras otro. Pero el descubrimiento más maravilloso será de orden filosófico-lingüístico; porque, al fin y al cabo, ¿quién es “yo”?
La abeja que no era ni joven ni vieja es un texto que explora la relación entre lenguaje y realidad, entre palabra y existencia. El deíctico aparece como un espacio confuso, donde el anclaje en la idea de una presencia única impide el acceso a la diversidad. Pero la abeja apuesta al movimiento y se permite conocer lo otro: una mariposa, un grillo, una rana, una coneja. Y estos otros siempre son “yo”, igual que ella misma. En este sentido, el descubrimiento de la abeja es doble: por un lado, se encuentra con una realidad que desconoce, y, por otro lado, descubre los modos que tiene el lenguaje de nombrar y de dar sentido a lo exterior, un sentido que es siempre múltiple y variable.
Dentro de la obra baschiana, este es un texto atípico. Y me animo a arriesgar que es, también, un texto clave para comprender el imaginario de la autora.



