martes, 6 de diciembre de 2016

DÍA 5 / LIBRO 5: Nuestro descoronamiento


Esses, Florencia. Me contaron de Tucumán. Buenos Aires: SM, 2016.

Nunca está de más hacer literatura histórica de calidad. Mucho más para chicos. Mucho más con el deseo puesto en la reivindicación y la celebración de grandes eventos, como fue la declaración de la independencia nacional. Mucho más si la literatura histórica propone conceptos como inclusión, mestizaje, variedad y libertad como formas positivas de lo multicultural. Y, por último y sobre todo, mucho más si la calidad de esa literatura se la debemos a que fue escrita por Florencia Esses.


Este año que está yéndose se cumplieron 200 años de la declaración de la independencia. El bicentenario de habernos emancipado de la corona española. ¡Qué razón para celebrar! Sin embargo, hubo pocos festejos, o al menos muy austeros o sin gente. Sin el pueblo. Por suerte (los espacios de resistencia siempre son los más ricos), la literatura infantil sí decidió celebrar la memoria y varias editoriales incluyeron en sus catálogos libros en conmemoración de la fecha.
Entre los títulos publicados, está Me contaron de Tucumán, editado por SM. En él, Florencia Esses juega a la mezcla, muy en consonancia con el clima social de principios del siglo XIX. El tamiz del arte baraja y reparte géneros literarios: poesía, cuento, canción, receta, declamación. Como si solo la suma de lo diferente lograra conformar un todo. 

Los caballos, símbolos del movimiento y la velocidad, abren y cierran el libro en primera persona y en verso. Llevan y traen desde distintas provincias a los hombres que integrarán el Congreso. Su misión es la de despertar, romper con la quietud y avanzar hacia la libertad. Una imagen sumamente poética.         
En las páginas del libro, desfilan personajes que surgen de su propia cotidianeidad y que se van relacionando escena tras escena. El recurso de contar lo pequeño para narrar lo grande acá funciona a la perfección. Todo está en constante cambio, movimiento. El clima de la época no se deja de percibir en ningún momento. El pueblo quiere descoronar. Y el verbo elegido por Florencia sirve muy bien para marcar la innovación.
Esta incorporación de lo nuevo a través de la escritura convive con la permanencia de lo antiguo, de lo que se seleccionó para que trascienda. Se ve claramente en la comida como elemento narrativo. La comida funciona como un elemento típico de referencia de la vida cotidiana y del espíritu federal; pero lo irónico en este libro es que las recetas, que típicamente se transmiten mediante la oralidad, viajan escritas en una carta (la carta más gorda, que seguro “es la más urgente”, como piensa el mensajero, contiene las recetas de empanadas y de arroz con leche). El signo está invertido y lo que tradicionalmente pasa de generación en generación a través del habla, en esta época de revuelvo sociocultural se convierte en escritura.
Podría seguir analizando el libro en profundidad por todos los rincones y recovecos que tiene. Los invito a que lo hagan ustedes. Es un texto magnífico y lo recomiendo como lectura fundamental. También que, según mi punto de vista, un ejemplo más de que Florencia Esses es una de las mejores escritoras de literatura infantil de la actualidad.


Cierro mencionando el gran trabajo de Guillermina Marino al ilustrar este libro, hallando el tono y el estilo justos para ponerle el moño a este proyecto. La elección de usar solamente celeste, blanco y negro con detalles en amarillo oscuro (en algún momento salió el sol en nuestra bandera) para hacer juego con la fecha celebrada me parece un gran acierto. Lo mismo que la técnica de papeles recortados, de siluetas y huellas. Repito: gran trabajo.

Les dejo la última estrofa de una poesía del libro:

Veintinueve hombres de traje
nuestros colores cambiamos.
No más rojos ni amarillos:
solo celestes y blancos.