jueves, 8 de diciembre de 2016

DÍA 7 / LIBROS 7: Dos idiomas coloridos para aprender

-Álvarez Rivera, Verónica y Estrellita Caracol. Serafina. Buenos Aires: Gerbera, 2015.
-Hillar, Ruth, Canticuénticos y Estrellita Caracol. El mamboretá. Buenos Aires: Gerbera, 2016. 

Serafina y El mamboretá son dos libros que comparten editorial, formato, ilustradora, líneas conceptuales ¡y belleza! También responden a propuestas inclusivas que confían en lo múltiple y diverso como material narrativo y que hacen visibles dos idiomas no centrales o minoritarios, como el quechua y el guaraní. Lenguas cuya sonoridad es utilizada aquí tanto con propósitos semánticos como formales, logrando dar pinceladas poéticas desde el contenido y también desde la forma.
Gerbera es una editorial bastante nueva que se viene con todo. Tiene claridad de ideas, buena calidad, una mirada abierta y dinámica de la LIJ y toma las decisiones editoriales acertadas. Apuesta y gana. En el marco de estos aciertos se inscriben la publicación del primer libro de Verónica Álvarez Rivera (quien tiene años de trayectoria como narradora y promotora de la lectura) y del primer libro de Canticuénticos, el reconocido grupo santafecino de música para chicos.




SERAFINA

Serafina aborda en una poesía larga la relación afectiva entre las familias y las trabajadoras de casas particulares, tema poco explorado en la LIJ y, sin embargo, cada vez más cotidiano. En este caso, el vínculo con una niña de la familia, que cumple la función de narrar y que considera a su cuidadora como una segunda mamá.
La protagonista, Serafina, no habla con la voz en el mismo idioma que la familia para la que trabaja. Entonces la narradora, una nena a quien Serafina cuida, nos cuenta lo que ella imagina de la infancia de Serafina. Un tamiz. Porque, a fin de cuentas, todo el libro está hecho de conjeturas, de imaginación, de posibilidades. Los ojos de Serafina parecen decirle algo a la narradora, algo de presente y también del pasado. ¿Cómo será encontrarse con el silencio del otro e interpretar la historia que nos cuentan sus ojos? ¿Qué completa ayudado por su propia imaginación el traductor que traduce el lenguaje de la mirada al lenguaje de la palabra? ¿Qué huecos llena? Podríamos decir que el libro surge del enriquecimiento de ese proceso de traducción, que surge del acto de poner en palabras una mirada y de rellenar espacios vacíos o nublados.
Lo mismo ocurre con la ilustración, que tiene la difícil misión de poner en imagen una voz, en este caso, la de la narradora. Un nuevo encuentro, una nueva mezcla. Se nota al abrir el libro que Estrellita Caracol trabajó con mucha libertad, y ese aire fresco se lo transmitió a los personajes y a la composición en general. El resultado en Serafina es pura belleza.

Ilustración en proceso
En el inicio del libro, Serafina y la narradora conversan mientras una lava, plancha y cuelga la ropa y la otra, a modo de colaboración, hace bollitos de medias. 
En las páginas siguientes, vamos a descubrir que esa conversación no se da de forma normal, porque Serafina casi no habla con palabras, aunque sí con la mirada y con los gestos. Serafina juega un poco a ser niña y a ser madre cuando “en su lengua extraña que se llama quechua” acuna a las muñecas. Y cerrando los ojos (un canal de transmisión de sentido que en el libro funciona), la narradora imagina a la Serafina niña y se arma un paralelo entre su actual niñez y la infancia de su cuidadora.
En ahí cuando en la ilustración ingresa la Serafina niña, con su cultura, su alegría, su lengua, sus colores, sus paisajes. Y las dos juegan. 



En juego también, la narradora vuelve a la realidad de la Serafina adulta, sin pisar el suelo, directo a resguardarse: “Al llegar apoyo / mi frente en tu falda / y son tus caricias / nanitas del alma”. Si escalas, por el aire se pasa del juego y la evocación al amparo del cariño de la realidad.
Recién cuando regresa de imaginar un mundo de infancia para esa segunda madre y de jugar con esa niña inventada, la narradora le propone a Serafina que le cuente con detalles cómo era su casa, cómo eran los colores y los sonidos de esa otra tierra en la que Serafina supo ser más feliz y sentirse menos sola.         
(Como un plus, la tipografía del libro está diseñada especialmente para lectores disléxicos.) 


EL MAMBORETÁ

“El mamboretá” es un chamamé que integra Nada en su lugar, el segundo disco de Canticuénticos. La idea de convertirlo en libro me parece fantástica. La letra de la canción, escrita por Ruth Hillar, está reproducida a lo largo de las páginas y acompañada por las bellísimas ilustraciones de Estrellita Caracol, quien le aporta a la poesía-canción su mirada llena de tramas, recortes, colores y complicidades. Muy plástica y de elementos contundentes, la ilustración le pone cuerpo visual a un relato escuchado una y otra vez por los chicos.
“El mamboretá” es un éxito musical. ¡Nos encanta a todos, chicos y grandes! Tiene ritmo contagioso, humor, intriga, la hermosa y un poco exótica cadencia del idioma guaraní. Es una historia divertida contada en forma de canción, hecha poesía. Las imágenes tan potentes de Estrellita Caracol no solo acompañan perfectamente el tono del texto, sino que también le añaden una referencia visual. Los integrantes de la pandilla de animales no pueden ser más hermosos. Con El mamboretá libro, ya no van a quedarnos dudas de cómo son un mamboretá, una panambí, un kururú,  un yacaré y un ñurumí. Y al ver escritos sus nombres, tampoco vamos a tener dudas sobre cómo es su ortografía.  


Ilustración en proceso

En resumidas cuentas, al igual que el mamboretá descubrió en el ñurumí un muy conveniente compañero, los Canticuénticos encontraron a una gran aliada en Estrellita Caracol. Nosotros, ¡felices!

(Quiero resaltar las fantásticas páginas de guarda realizó Estrellita para los dos libros. ¡Guau!)

Les dejo el video de la canción. ¡A bailar al ritmo de este chamamé!