viernes, 11 de abril de 2008

Recepción

Creamos los vestidos de Julianas –con su rosado-juliana pasado de moda y esa definición memorable de horizonte– para convencernos de que todo proyecto es, en algún punto, viable.
Que no nos atormente la imagen de la altura.
Ese canto de agua ondulando en la noche –el agua choca contra el sauce caído y deshace bajo la luna toda su red melódica– no es más que el triunfo de la serenidad.
Nos bienvengo.
Nos inauguro.