domingo, 1 de noviembre de 2009

Enamorarse a lo grande y después

Montes, Graciela. Historia de un amor exagerado. Buenos Aires: Colihue, 1987. Ilustración de tapa de Oscar Rojas.

En Historia de un amor exagerado todo es grande o más bien todo es enorme. Las ganas de Santiago, el ramo de flores que anda en patineta, las muchas cartas, los gritos, los silencios y el llanto, la longitud de los ojos-hojas de laurel de Teresita, el enojo del señor de las baldosas bien barridas, el sí de algunos y el no de otros y, por supuesto, el enamoramiento. Todo es así: exageradamente grande.

Y tan repleta de tamaños descomunales quedó esta historia que la clausura se volvió una empresa imposible. No puede haber un cierre –“como esta historia está abierta, yo no quiero echarle llave”, dice el narrador–, porque la propuesta es llegar a tocar el infinito que no se acaba nunca, llegar a moverse en el placer de ese infinito que nunca deja de ser la posibilidad del siempre más.

Pero eso sí, en este libro hay un peligro para el lector y su esperanza: porque esa promesa de la experiencia del amor incalculable se ofrece tan profunda y verdadera que da lugar para que asome el temor de no lograr estar a la altura de tal desbordamiento sentimental, de ser un enamorado común viviendo una pasión mesurada, moderada, controlada, una pasión sensata.