miércoles, 16 de marzo de 2011

Escribir la intimidad y volver a escribirla

por Luciana Murzi.

Elberger, Marina. Cara de ángel. Buenos Aires: RiderChail, 2010.

Ante todo, Cara de ángel es
un texto muy logrado en el plano de la escritura. Pero, como si esto fuera poco para la primera novela de un autor, Marina Elberger logra fascinar también con la temática elegida y su abordaje. Algo celebrable.
Cara de ángel
es uno de los títulos que inauguran la nueva colección de RiderChail: Colectiblos. Corresponde a la Serie Bordó, sugerida para lectores de entre 10 y 12 años.

“Me hice amiga de Virginia cua
ndo las chicas me echaron del grupo”, es la frase de apertura de esta especie de texto confesional y autobiográfico. Una frase que engancha, que promete una situación nueva después de un quiebre. Ya lo anuncia: la novela girará en torno a la amistad y a la enemistad, en torno a ese binarismo del cual es imposible (o así va pareciendo) escapar.

Malena, la narradora de esta historia, tiene tres amigas que pasan a ser enemigas cuando la expulsan del grupo. Con ellas solían tildar a la gente según las siguientes categorías: li
ndo/feo, piola/aburrido y inteligente/tonto. Ellas se caracterizaban por los primeros términos de esos partes opuestos. Virginia, por los segundos. Pero Malena va a empezar a descubrir que esa teoría es altamente falseable y que las relaciones definidas a través de los estereotipos y los preconceptos no pueden sostenerse en la realidad.
Entonces, tenemos las formas de la amistad bajo la lupa. “También la envidia, la traición, los secretos, las mentiras, los celos, la ira. Todo eso también atraviesa la infancia”, expone Gachy Cappelletti en el prólogo. La infancia y la novela, agregamos. Sentimientos que se sufren y que se alternan y superponen con los otros, los disfrutables. Porque ser amigo, aunque supone los riesgos de la entrega, es también maravilloso.
Virginia, la nueva amiga, es católica. Malena, judía. A diferencia de Virginia, que tiene una educación religiosa, Malena y su familia no son practicantes. Y otro tema central en Cara de ángel es cómo los chicos abordan la religión. Virginia, desde el fanatismo, intenta enseñarle a Malena sus creencias, como si estas fueran las únicas, las correctas, las verdaderas.
El traspaso de la tradición, que generalmente ocurre verticalmente, de generación en generación, acá intenta proponerse desde la horizontalidad, entre congéneres. ¿Es eso posible durante la infancia? Si bien Virginia vive la religión desde el fanatismo, para Malena descubrir ese mundo es un juego –con sus otras amigas jugaba a escribir cartas y ahora con Virginia juega a estudiar la historia de Cristo y a recordar rezozs– elaborado desde el cariño hacia su amiga. “Nosotros somos judíos y siempre vamos a serlo”, le dice la mamá. Y Malena, que quiere tomar la Comunión, se siente totalmente confundida.


En la intersección entre la amistad y la religión, la novela delinea dos nociones fundamentales: Dios y la escritura. El gran hallazgo de Malena es la figura de Dios, el nuevo amigo. Un Dios que sin tener forma fija, sin ser católico ni judío (o ambas cosas al mismo tiempo), se convierte en el interlocutor ideal. Y también, a través de la escritura –tanto de su diario íntimo como de la novela en sí misma–, la narradora encuentra un tono personal para reflexionar sobre su intimidad y sobre los modos de ser propios y ajenos sin caer en el estereotipo ni en lo estático. Todo es móvil y complejo, y móvil y complejo también tiene que ser cualquier modo de abordaje.

4 comentarios:

Florencia dijo...

A mí también me encanta la novela. Me parece que los lectores van a encontrar un texto de esos que nos marcan la infancia.
¡Una alegría!
Abrazos, Flor

Alejandra Erbiti dijo...

Esta novela ya produce ecos y seguirá haciéndolo, porque transita dos caminos, uno muy simple: la historia de dos amigas.
El otro, muy profundo: las relaciones humanas.
¡Bravo, Marina!
Un abrazo fuerte!
Ale

virginia pinon dijo...

Me encantó tener la posibilidad de leer e ilustrar esta novela. Realmente me atrapó, y me hizo sentirme una niña de nuevo.
Maravilloso! un abrazo a Marina.
Virginia

Adela Basch dijo...

A mí la novela me encantó, disfruté mucho su lectura