miércoles, 6 de agosto de 2014

El agua mansa y su suave danza en el corazón

Rojas, Diego Javier y Pablo Pino. Un pueblo Sequito. Buenos Aires: RiderChail, 2014.

Desde su publicación, en marzo de este año, Un pueblo Sequito no para de ser una alegría. Y lo festejamos, porque Diego Javier Rojas y Pablo Pino combinaron texto e imagen a la perfección y de esa reunión surgió un libro álbum divertido, cálido y sin desperdicios.


La acción transcurre en Sequito, un pueblo de tierra casi desértica. Allí vive el querible protagonista de esta historia: el abuelo José. Y mientras el distraído abuelo se ata hilos en los dedos buscando esquivar la desmemoria y se pregunta una y otra vez “¿Qué era lo que tenía que hacer?”, cosas raras empiezan a pasar en Sequito. Tan raras como para que los habitantes evalúen un cambio de nombre para su pueblo.
Un pueblo Sequito nos habla de esa zona de probabilidad de la suerte, de lo que podría haber sido una desgracia pero sin embargo funcionó como un acontecimiento de signo positivo. Nos habla de los planes que salen al revés, de los resultados distintos e inesperados que construyen, a su modo, el destino. En este caso, el avance del agua aparece como un peligro y termina transformándose en un alivio. También aborda la vejez, el intento de preservar la lucidez y ganarle la lucha a la falta de memoria, esa otra inundación.


La alegre sorpresa del lector al ver, página a página, la crecida del agua es el efecto del gran acierto del ilustrador, Pablo Pino, que supo narrarnos visualmente aquello que el protagonista no estaba viendo y que ocurrió, justamente, porque el abuelo nunca pudo responder a la pregunta acerca de lo que tenía que hacer. Pero gracias a ese olvido, la tierra seca tuvo un charco, después una laguna y finalmente un río. Una suerte para Sequito.

Aquí se puede ver el video de adelanto.