martes, 14 de abril de 2009

El turista excepcional, de Gómez de la Serna

Coincidiendo con la inauguración del año que nos convoca, mi amigo Fer me hizo acreedora (suponiendo que verdaderamente lo merecía) de este libro lindísimo de Ramón Gómez de la Serna, editado por Libros del Zorro Rojo. Las ilustraciones son de Hermenegildo Sábat, cosa rara pero oportuna.
El texto, que es muy corto, se puede leer acá.


Empiezo con una pregunta: ¿qué es hacer turismo? Visitar por placer lo desconocido, que siempre es ajeno, siempre es otredad. Entonces, un turista es aquel que conoce por primera vez una otra cosa (que no constituye parte de su sistema identitario) con la convicción de que va a disfrutar del evento. ¿Y qué significa excepcional? Que se aparta de lo ordinario. Entonces, un turista excepcional es aquel que accede entusiastamente a lo ajeno, y para él novedoso, imprimiéndole a la situación o al objeto cierta cuota de extrañamiento.
Estas dos preguntas que propuse conducen a la tercera y central: ¿ser un turista excepcional de lo real no significa, dentro del relato, ser un artista? Desde mi punto de vista, este es el eje del texto de Gómez de la Serna: en qué radica la metodología artística y cuál es la relación que mantiene o puede llegar a mantener con la vida cotidiana.
Nuestro turista-artista capta únicamente las excepciones. Es un turismo de la anomalía, de lo que sale de lo normal. La intervención del turista configura una ficción a partir de hechos y formas comunes, y esa reelaboración de lo ordinario anula la calidad de esperables de esos hechos y de esas formas. Se abre el espacio de lo inesperado, donde es posible que la realidad se reconfigure y adopte nuevos sentidos. Productor y receptor a un mismo tiempo, el turista observa y transforma lo prosaico: interviene generando formas artísticas.
El turista excepcional empieza con esta frase: “Ser un turista cualquiera no vale la pena, pues todo lo que se descubre está como estaba en los libros de estampas.”. La mirada del turista explora la realidad a través de las fisuras, sin permanecer cautivo ni de la iconografía ni de los repetidos relatos de viaje, idea que deviene, a fin de cuentas, en un optimismo frente al espacio llano de los lugares comunes, de lo que lentamente se fue ajando por la repetición. En la última página, el turista es mencionado como “explorador de lo inaudito”, de lo nunca oído. Nuevamente, aparece la idea de crear una ficción como forma de resistencia de lo real. La realidad profanada. En todos los rincones del mundo, nuestro personaje es y será enteramente un turista, un conocedor de lo nuevo, ya que su método de acceso a las cosas nunca va a derivar en el mismo resultado.
Para el turista de las excepciones, conocer es reconocerse como parte activa e imprescindible del entorno, y esta coincidencia solo es posible a través de la intervención. Porque el turista “sorprendía las cosas en su momento inesperado”, en una instancia que evidentemente exigía la totalidad de las presencias en el tiempo y el espacio
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2 comentarios:

ShopGirl dijo...

Una sola cosa.

AMO ZORRO ROJO!

besos chicas!

Delius dijo...

A mí también me gusta mucho esa editorial. Luqui, tu post es interesantísimo, dan muchas ganas de comprarse el libro. Me encanta la idea de ser turista y posar la mirada en lo excepcional. Besos!