martes, 12 de mayo de 2009

Todo el dinero del mundo, de Istvansch

Istvansch. Todo el dinero del mundo. Buenos Aires: Sudamericana, 2005.

¡A partir de ahora, sos dueño de todo el dinero del mundo!


Así comienza este cuento colorido, no sólo por los colores, sino también por las palabras, las formas...


Tenés todo el dinero del mundo. Es todo tuyo. Es todo mío, en realidad. El deíctico (estamos hablando mucho de deícticos últimamente) es central en este libro: el libro habla de vos.


Tenés todo el dinero del mundo. ¿Qué hacés? Rápidamente te asegurás de que no te falte nada, pero lo que se dice NADA. ¡Yo haría lo mismo, qué casualidad! Comida, juguetes y transportes; películas, libros y lugares; animales, tesoros e incluso hasta Marte. Todo es tuyo.


Como decía, el deíctico enreda rápidamente al lector en el texto, haciéndolo cómplice, partícipe. El narrador escribe la historia del lector y en este punto me enredo yo también en mis propias palabras.


Digamos que en la narración, el personaje (vos, yo, el lector) compra todo lo que es posible con todo el dinero del mundo, que le es dado por la Reina. La narración está estructurada de tal manera que en algún momento llegué a creer que el mundo se iba a vengar de mí, finalmente. Pensé que el cuento terminaría recordándome lo egoísta que soy, por querer tener todo. Una lección moral, para los niños de hoy, con sus play-stations y sus pikachunes.


Pero el desenlace es otro. Pronto descubrimos con alegría que el mundo no se va a vengar de nosotros. Que no somos egoístas, ni atentamos contra la estabilidad del mundo. Todo lo que necesitamos está a nuestro alcance: en nuestra imaginación.

Había dicho colorido, y esto también tiene que ver con los colores. Pero esto lo dejo para que lo vean ustedes.

En definitiva, un librito fantástico para ser leído muchas veces e imaginar qué otras cosas nos compraríamos si tuviéramos todo el dinero del mundo.