sábado, 25 de julio de 2009

La plaza tiene una torre. Y la torre, una jirafa...

“La plaza tiene una torre” es uno de los poemas más conocidos de Antonio Machado y pertenece a su Cancionero apócrifo.

En este libro de Colihue, incluido en la colección Los Morochitos, los versos del romance de Machado se reparten en las diferentes páginas. Esta disposición textual, que se aproxima mucho más a la forma tradicional de la prosa que a la poética, modifica la lectura del poema y conduce a abordarlo desde otra práctica. Gran acierto. Sobre todo porque en la última página del libro el poema aparece en su forma original, lo cual permite comparar ambos modos de presentación y de lectura de un mismo texto.

Por otro lado, las ilustraciones de Eleonora Arroyo hacen que la edición sea realmente “una pinturita”. Elaboradas con la técnica de recortar y pegar un papel sobre el otro, estas imágenes en blanco y negro le aportan al texto nuevos significados. A través de ellas, descubrimos, por ejemplo, que el caballero pasó a caballo y que en la plaza había un violinista y, cosa sorprendente, una jirafa.



Volviendo al texto, lo que resalta es el uso de la concatenación: figura poética que consiste en la repetición de la última o últimas palabras de un verso al principio del verso siguiente. Este recurso fónico, que no altera la ubicación de los elementos dentro del sintagma, produce la continuidad del ritmo en los verso.

Tanto en el plano formal como en el plano del contenido, el poema crea una jerarquía de inclusión, donde los elementos se van develando uno por uno. De mayor a menor, de arriba hacia abajo, de afuera hacia adentro. El proceso de creación de niveles inclusivos, siempre respetando el orden estructural, logra que la totalidad se despliegue en sus detalles. Sin embargo, se trata de un desglose puramente descriptivo, ya que esa totalidad es en lo concreto indivisible: para conseguir a la dama, el caballero tiene que llevarse la plaza.

La plaza tiene una torre,
la torre tiene un balcón,
el balcón tiene una dama,
la dama una blanca flor.

Ha pasado un caballero
–quién sabe por qué pasó–,
y se ha llevado la plaza
con su torre y su balcón,
con su balcón y su dama,
su dama y su blanca flor.

1 comentario:

letrasminusculas dijo...

¡Qué gusto pasar por aquí! Nos estamos leyendo.

¡Saludos desde México!