jueves, 31 de marzo de 2011

La poesía de una lluvia que está en todos lados

por Luciana Murzi.

Margolis, Fabiana y Comotto, Agustín. El señor del paraguas. Buenos Aires: Color de León, 2010.

Llueve afuera, y eso es innegable. Pero también va a largarse a llover adentro, y eso es más movilizante. Este es un libro de lluvia en transcurso y de permeabilidad.

En el sol, el señor Chaparroni espera ansioso la llegada de lluvia. Y siempre que no hubo lluvia, después se largó. Acá también.
Entonces nuestro protagonista se viste para la ocasión –se disfraza, lo exagera–: impermeable, botas, guantes y paraguas maravilloso. El señor Chaparroni es enteramente feliz de poder ayudar a la gente desprevenida con su paraguas antiempapamiento, que cuenta incluso con luces para alumbrar la noche y con aire caliente para combatir el frío.
Mujeres recién salidas de la peluquería, pintores trasladando obras de arte, repartidores de pizza que andan en patines, esa gente que precisa con urgencia detener por un rato el diluvio. Y, aunque los diluvios suelen ser impostergables, el paraguas y la vocación de solidaridad del señor Chaparroni lo postergan, lo interrumpen, lo anulan.

¿Pero qué pasa si hay alguien que se niega a negar la lluvia? ¡Ah, ahí el superhéroe de los secos se desorienta y los paraguas, incluso los maravillosos, ni pinchan ni cortan!
Una mujer. Una mujer que no corre, no se queja, no esquiva los charcos. Ella también se pone contenta con los días lluviosos. Pero a diferencia del señor Chaparroni, disfruta de mojarse. Son iguales y completamente diferentes.
Bajo la lluvia y sin paraguas, la ciudad se vuelve otra. Es más hermosa sin esa pared que cubría cabezas y ojos. Y el agua moja lo seriedad, empapándola tanto que se termina convirtiendo en risa. Y la lluvia que antes chocaba con violencia sobre el infranqueable paraguas es ahora una caricia. ¡Quién lo hubiera dicho! Chau trabajo antiagua para el señor Chaparroni: la lluvia dejó de ser algo del afuera y se metió por todos lados. Se abre, como un arco iris, un tiempo nuevo para practicar miradas.

Qué lindo libro. Festejamos la aparición de Color de León en el mercado. Y felicitamos a los autores, por supuesto.
Las ilustraciones de Agustín Comotto son de escenas amplias y de detalles narrativos que obligan a detener allí la mirada, a leer ese lenguaje y comprender las cosas también de otra manera, sin ningún paraguas de por medio. Imagen, texto y diseño se entienden entre sí a la perfección, y eso hace que El señor del paraguas no tenga grietas estilísticas.