viernes, 16 de septiembre de 2011

La incomodidad del umbral

Por Luciana Murzi

Pérez Sabbi, Mercedes. Manuela en el umbral. Buenos Aires: Edelvives, 2011.

Es imposible no llorar, no reconocerse como parte de una comunidad, no aturdirse y enojarse y apretar los dientes al leer esta nueva novela de Mercedes Pérez Sabbi. Lugar: Los Aromos, un pueblo pequeño ficticio ubicado en Argentina. Época: 1984. Sistema de gobierno: democracia recién recuperada, luego del más siniestro golpe militar del país. Protagonista y narradora: Manuela García, más conocida como Manuela Luna, nena de 12 años que una noche se despertó de un sueño raro, de un sueño negro y para nada perfumado por las flores, y se encontró sola . A lo largo de este libro, Manuela va a retroceder hacia esa noche hasta descifrar el dolor y darle forma.

Manuela tiene una figura extraliteraria de origen. Así lo cuenta la autora: "Cuando Anahí (Manuela en la ficción), una joven cineasta compañera de Eloísa –la hija de Mercedes–, en los preparativos de un rodaje en el Parque Lezama, me dice: “Mercedes, cuando tenía 4 años, me desperté y mis padres no estaban y nunca más…”, tanto me sensibilizó su brevísimo relato, que durante mucho tiempo busqué maneras de reinventarlo; y aquí está Manuela, paradita en el umbral, a punto de desandar sus pasos".
El umbral como frontera, como límite entre el adentro y el afuera. El umbral como un espacio y un tiempo de transición o una zona limítrofe donde espacio y tiempo están detenidos. No hay pacto posible en la fugacidad de ese estar y no estar. Resulta llamativa en este sentido la intención de la autora a la hora de titular los capítulos de la novela: “En el club”, “En la radio”, “En la vereda”, “En domingo”, etc. Acción de definir con precisión la localización espaciotemporal, con lo cual se elabora un contraste muy claro con el no saber de la narradora el paradero de sus padres, esa nebulosa que siempre tendrá textura incómoda de umbral.
Otro contraste es la voz de Manuela, inocente, ingenua, infantil y virtuosa para el canto feliz frente a lo que relata: el asesinato de sus padres y de otras personas, la violencia de Estado, el silencio. Y el nombre del pueblo, Los Aromos, es el tercer contraste, como me señaló Mercedes: “traté de inventar un pueblo que tuviera flores, porque la historia era muy dura para estar sin nada que alegrara el paisaje”.

La lectura de Manuela en el umbral se instala en la dimensión de lo emotivo. Emociona por dos razones: por el trabajo literario y porque la hendidura que se produce en la trama –la pérdida, la violencia, el miedo y también la no renuncia, la búsqueda, la memoria– es una fisura muy nuestra, muy siempre de todos. A lo emotivo se le suma lo perturbador, que tiene un sentido positivo (literario) y otro negativo (real).
Hay muchos libros escritos para el público infantil que refieren a la dictadura militar argentina de 1976, de ficción y no ficción, para los más chicos y para adolescentes, de autores argentinos e incluso de autores extranjeros. Pienso que es una temática fundamental y también que es complicado abordarla, quizás por la carga emocional que el autor deposita en el texto –imposible siquiera evitarlo– o quizás por el acto de encontrar voz y palabras para enunciarles a los chicos algo tan terrible que parece inverosímil. Precisamente por eso se vuelve fundamental. ¿Cuál es el posicionamiento narrativo de Mercedes Pérez Sabbi en este proyecto? Hacer foco en lo pequeño para narrar también lo grande. Poetizar las historias mínimas –un abanico de ideologías y formas de acción– de una historia mayor, una historia nacional y latinoamericana. Es una metonimia asomándose lentamente, porque durante la primera parte del texto la narradora desconoce que sus padres están/son desaparecidos. Y acá podríamos señalar dos prácticas de lectura posibles: la del lector que sabe del contexto sociopolítico de 1984 y aquel otro lector al cual este marco de referencia le es ajeno. Llegando al final el relato se quiebra: para el primer tipo de lector, revelando las figuras reconocibles, y para los segundos cancelando el misterio e inaugurando lo impensado.

3 comentarios:

mic dijo...

Así se ayuda a construir la identidad y la memoria.
María

Mauro dijo...

No sé bien cómo llegué acá. Pero me gustó mucho esta mención, leeré lo demás.
Tengo un sobrino de 10 años y este libro vendría genial. Es de hacer foco en lo pequeño para narrar lo grande, qué verdadero.
Seguiré leyendo.
Abrazo
Mauro

Ruben Francisco Iacono dijo...

Excelente texto, felicitaciones